(60 años antes)
- ¡¿Me estás diciendo que los demonios existen?! ¡Y que tú eres uno de ellos!- Sí, pero es más complejo de lo que crees.
- ¿Porqué ahora? ¡A vísperas de nuestra boda!
- Porque quiero que lo sepas todo sobre mí.
- En el fondo sospechaba algo. No eres como los demás. Pero esto... Aun lo tengo que asimilar
- Eso significa que...
- No, ya sabes que no me voy a ir...
Era muy joven cuando conocí a Blanca, apenas me habían salido los cuernos y llevaba a cuestas unas trescientas lunas. Me habían enviado a la dimensión humana con el objetivo de averiguar qué estaban haciendo "mis hermanos" más rebeldes. Varios jóvenes humanos estaban siendo corrompidos por demonios del bajo astral, demonios que eran inferiores en cuanto a la energía que desprendían, pero muy convincentes si se lo proponían. Aunque parecían indefensos eran muy persuasivos, llegando a provocar peleas, grandes revueltas e incluso guerras.
Uno de esos demonios estaba acechando a Blanca. La había seguido desde que salió del campus de Derecho. Por lo que había descubierto, Blanca, a pesar de ser tan joven era una líder nata en la universidad. Siempre dispuesta a hablar con todos y provocar indefensas protestas si la causa era noble. Su influencia entre los alumnos y profesores era bastante fuerte. El demonio sabía que ella era un gran potencial.
Blanca miraba hacia atrás cada vez que el demonio se acercaba. Al ser energéticamente más fuerte y pertenecer a un astral no tan bajo, yo podía tomar forma humana y cambiar de dimensión sin problema.
Me acerqué a donde estaba ella. Mi mirada tan fría y penetrante, hizo que se quedara paralizada, ni siquiera parpadeó. Mire detrás de ella, el demonio tuvo una pizca de duda al no reconocerme como igual. Pero finalmente bajó la cabeza y se fue. Al menos este era un poco más listo que el resto, y sabía de sobra que no tenía ninguna posibilidad conmigo.
A Blanca le cambió el semblante. Creía que se iría a toda prisa, pero me miró y sonrió.