Demonios III

                          (60 años antes)
- ¡¿Me estás diciendo que los demonios existen?! ¡Y que tú eres uno de ellos!
- Sí, pero es más complejo de lo que crees.
- ¿Porqué ahora? ¡A vísperas de nuestra boda!
- Porque quiero que lo sepas todo sobre mí.
- En el fondo sospechaba algo. No eres como los demás. Pero esto... Aun lo tengo que asimilar
- Eso significa que...
- No, ya sabes que no me voy a ir...

Era muy joven cuando conocí a Blanca, apenas me habían salido los cuernos y llevaba a cuestas unas trescientas lunas. Me habían enviado a la dimensión humana con el objetivo de averiguar qué estaban haciendo "mis hermanos" más rebeldes. Varios jóvenes humanos estaban siendo corrompidos por demonios del bajo astral, demonios que eran inferiores en cuanto a la energía que desprendían, pero muy convincentes si se lo proponían. Aunque parecían indefensos eran muy persuasivos, llegando a provocar peleas, grandes revueltas e incluso guerras. 

Uno de esos demonios estaba acechando a Blanca. La había seguido desde que salió del campus de Derecho. Por lo que había descubierto, Blanca, a pesar de ser tan joven era una líder nata en la universidad. Siempre dispuesta a hablar con todos y provocar indefensas protestas si la causa era noble. Su influencia entre los alumnos y profesores era bastante fuerte. El demonio sabía que ella era un gran potencial.

Blanca miraba hacia atrás cada vez que el demonio se acercaba. Al ser energéticamente más fuerte y pertenecer a un astral no tan bajo, yo podía tomar forma humana y cambiar de dimensión sin problema.
Me acerqué a donde estaba ella. Mi mirada tan fría y penetrante, hizo que se quedara paralizada, ni siquiera parpadeó. Mire detrás de ella, el demonio tuvo una pizca de duda al no reconocerme como igual. Pero finalmente bajó la cabeza y se fue. Al menos este era un poco más listo que el resto, y sabía de sobra que no tenía ninguna posibilidad conmigo.

A Blanca le cambió el semblante. Creía que se iría a toda prisa, pero me miró y sonrió.




Demonios II

Tenía la cabeza muy pequeña y unos grandes ojos tristes. No mostraba expresión alguna, pero al verle podía sentir su agonía como si fuera la mía propia. Sus brazos eran larguiruchos y casi se podían ver los huesos de sus manos. Sujetaba aquel libro con mucha delicadeza y susurraba en un idioma que se me hacía extrañamente familiar.

Mi cabeza empezó a dar mil vueltas. Sentía una presión enorme y cada vez me costaba más respirar. Si no fuera por la mano temblorosa de mi hermano hubiera creído que estaba en un sueño. Ambos estábamos completamente paralizados sin saber muy bien que hacer. El hedor que desprendía aquella criatura era nauseabundo. Todo en él lo era. De su ropa raída colgaban pequeñas arañas y habían gusanos paseando plácidamente por su rostro. 

Al percatarse de nuestra presencia, ese ser empezó a retroceder como si algo le hubiera desconcertado. Cerró de golpe el libro y se sentó tranquilamente en una silla. 
Como si de una ilusión se tratara, todo volvió a su estado original y poco a poco el ambiente empezó a cambiar. Los muebles regresaron a su sitio, el frio se disipó. Y poco a poco la criatura fue tomando forma humana, más concretamente la de mi abuelo! 

Demonios I

Busco a alguien que me crea cuando le digo que tengo demonios. Y cuando los vea, se quede.

...

A principios del verano, mi hermano y yo fuimos a visitar a mi abuelo. Él era un hombre bastante solitario que vivía a las afueras de la ciudad, en un pequeño pueblo llamado Gonh.  
Mi madre nos había pedido que le lleváramos algunos libros viejos de la abuela que ella había estado leyendo mientras estaba en el hospital. En el funeral, él nos contó que aquellos escritos eran una reliquia, que habían pasado de generación en generación dentro su familia. Y que los quería de vuelta antes de que a mi madre se le ocurriera venderlos en el mercadillo.
Ellos nunca se habían llevado bien, pero siempre que íbamos a verle nos recibía con los brazos abiertos y comíamos deliciosa fruta y caramelos de miel que él mismo fabricaba.

A mi madre no le importaba mucho si nos quedábamos el fin de semana con él, ya que estábamos de vacaciones y según ella había que ser personas de provecho y ayudar en lo que pudiéramos al abuelo.
Luego de empacar los libros, cogimos el bus que nos dejaba muy cerca de su casa. Llegamos sobre el medio día y él ya nos tenía preparados unos bocadillos de queso y mermelada. Pasamos el día jugando con Pi, el pequeño cerdo vietnamita que mi abuelo tenía de mascota. Más que un cerdo había aprendido a traer la pelota y se tiraba al suelo para rascarle la barriga como si de un perro se tratara. 

Al caer la noche, cuando nos disponíamos a dormir, oímos un fuerte ruido en la cocina. Pi, que estaba acostado con nosotros, bajó espantado y se metió debajo de la cama. Sentí como mi hermano pequeño, Alex, temblaba y cómo aquel ruido volvía a repetirse aún más fuerte.
Era mucho más valiente que los niños de mi edad, así que cogí de la mano a mi hermano y nos dirigimos al salón. El ambiente era muy extraño y frío. Alex solo quería regresar a la habitación y encerrarse, pero yo tenía que saber si mi abuelo se encontraba bien. Además, el único teléfono que podíamos utilizar para pedir ayuda estaba en la cocina. 

En cuanto llegamos a la puerta supe que algo raro había ocurrido. Era como mirar a un espejo, todos los muebles de la cocina estaban en el lado contrario al que debían estar. En la mesa estaba uno de esos libros antiguos de la abuela y justo encima recitando una de sus líneas estaba la criatura mas delgada, oscura y triste que había visto nunca. 



Lo que prefiero y no necesito

Busco seguridad..no de protegerme contra algo...sino de darme un lugar seguro a donde ir cuando tengo dudas, tengo miedo, estoy feliz por al...